Carta de John Ralston Saul, Presidente Internacional a la membrecía de PEN.


Estimados miembros de PEN, queridos amigos,

Como muchos de ustedes saben, todo el Consejo Directivo de PEN Turquía se encuentra bajo investigación por haber insultado a la República de Turquía, según lo regula el artículo 301. Por supuesto, ya existen unos 70 escritores en prisión en este país y muchos otros atrapados en los tentáculos del injusto sistema legal. La mayoría de ellos son Kurdos o han escrito en apoyo a la comunidad Kurda. Después me percato de los acontecimientos en Irán, Siria y China – por nombrar sólo tres. No ha habido falta de injusticias hacia la libertad de expresión alrededor del mundo en este último mes.

Hay algo particularmente inquietante sobre este incidente en Turquía, un país que con entusiasmo se describe como una democracia. Y viene en la forma de la apertura de un procedimiento de investigación legal hacia toda una Junta Directiva; de ocho escritores reconocidos que han sido elegidos por tantos otros escritores en su país de origen.

Esto nos llega a muchos de nosotros de manera personal. Los conocemos. Ellos son amigos. Estuvimos con ellos en Ankara y Estambul en noviembre.

Al parecer, la investigación ha estado en marcha desde junio, cuando el Consejo se demostró en defensa del compositor Fazil Say.

Por supuesto, Turquía es una civilización rica y compleja. Por supuesto que hay muchas cosas buenas que decir acerca de esa civilización. Pero tal riqueza cultural e histórica sólo empeora la situación de la libertad de expresión. El país sufre de un sistema legal profundamente erróneo y del uso injusto de leyes.

El punto obvio es que ninguna ley debe existir para limitar la crítica de un ciudadano hacia su país. Esto es particularmente evidente en una democracia. Los ciudadanos – no el gobierno – son los que aseguran la legitimidad del Estado. Los Estados son saludables si los ciudadanos pueden expresarse y criticar, incluso el más básico de los supuestos naturales como es la libertad de expresión. Las autoridades no tienen derecho para definir la lealtad o el patriotismo de los ciudadanos. En una democracia, las autoridades son los siervos de la ciudadanía no los jefes.

Miren cómo el estado socava su propia legitimidad a través de dicha ley. Aquí están las palabras emitidas por el Consejo de PEN Turquía en defensa de un compañero artista:

“Como el Centro de escritores de PEN Turquía, condenamos enérgicamente y recibimos con consternación la noticias de que nuestro compositor estimado y el pianista, Fazil Say, ha sido convocado a la corte. La comunidad internacional se ha puesto en estado de alerta ante la evolución fascistas en Turquía”.

Supongamos que tuviéramos que aceptar que esa ley deba de existir. ¿Acaso estas palabras con escandalosas? ¿Que no son frases muy normales de protesta? No existe una norma internacional democrática por la que palabras como éstas podrían utilizarse para justificar la persecución legal de un individuo o grupo. En este caso estamos hablando de ocho escritores, reconocidos, de hecho premiados en Turquía y en otros países por sus contribuciones y sus talentos.

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Todo esto plantea una cuestión relacionada. Periódicamente, la gente me pregunta si creo que PEN está progresando y tomando pasos avanzados. Supongo que lo que quieren decir es: ¿si creo que las autoridades en el mundo han dejado de arrestar y molestar a los escritores? La historia es bastante clara al respecto. Ellos no se detendrán.

Y la pluma, como una de las voces de la historia, seguirá trabajando para reducir esta estupidez. Vamos a ir en la búsqueda de las palabras y las acciones que los condenan por su debilidad y de esta manera continuar trabajando para liberar a más escritores. ¿Debilidad? Sí, la debilidad de hombres y mujeres adultos, con poder concreto en sus manos, que tienen miedo, porque las palabras y los versos escapan sus herramientas autoritarias. Asustados. Vanagloriados. Engreídos. No pueden soportar los sonidos de la libertad de expresión y por lo tanto, de la creatividad y la imaginación.

¿Qué hay de la pregunta – ¿Está PEN progresando? La respuesta es que estamos trabajando – todos nosotros – para arrastrar a la libertad de expresión y por lo tanto a la creatividad misma, fuera de las esquinas y sombras en las cuales aquellos en el poder continúan tratando de posicionar a este derecho humano básico. Tenemos nuestros métodos del Comité de Escritores en Prisión. Nuestros RAN. Hemos reinventado nuestras misiones internacionales. Tenemos nuestros programas de educación en muchas partes de África. Nuestro apoyo a las lenguas organizado a través del Manifiesto de Girona. Nuestras campaña en contra la impunidad en América Latina. Nuestro trabajo digital con la Declaración de Gyeongju de septiembre. Nuestra publicación de trabajos en zonas difíciles con el Círculo de Editores. Los debates en torno a la paz. Nuestros eventos de Libera la palabra! Y así sucesivamente y sucesivamente. Estamos en constante construcción de nuevas herramientas que nos ayuden a posicionar a la libertad de expresión en zonas críticas.

Cuando pienso en este tema de manera personal, la respuesta es precisa: estamos trabajando para poner la literatura y la libertad de expresión en el centro de nuestras civilizaciones. No hay presiones pequeñas que se puedan producir como una distracción cuando los problemas políticos, económicos y militares sean resueltos.

Para lo que trabajamos no es un tema que nos de confort y tranquilidad. Al contrario, es muscular, incomodo, la libertad de expresión transparente y la apertura de la imaginación a través de la literatura. Esto es lo que crea la energía para resolver los problemas políticos y económicos. El hecho de que cerca de 800 escritores están en prisión, mientras que prácticamente ciertos políticos, funcionarios y/o empresarios gozan de su libertad, es una demostración elocuente del poder que la creatividad tiene cuando se trata de la resolución de problemas.

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Por favor, todos ustedes, tomen con toda la seriedad posible este problema que enfrentan nuestros colegas de PEN Turquía. Escriban acerca de esta injusticia en sus países. Escríbanle a las autoridades Turcas.

Mis mejores deseos,

John Ralston Saul