Luisa Valenzuela escribe a Nelson Aguilera


nelsonEstimado Nelson Aguilera,

Quiero expresarle toda mi solidaridad así como la de varios de mis colegas a quienes he podido consultar. Su proceso tiene cariz de caza de brujas, lejos de toda discusión literaria. Opino, junto con los expertos, que no ha habido plagio alguno sino un acercamiento similar a temas que son de dominio público. Y ya que de máquinas del tiempo se trata, imaginemos no más a H.G. Wells – antiguo presidente del PEN Internacional – haciéndole juicio a la señora María Eugenia Garay; como si la intertextualidad no fuera muchas veces parte de la creación literaria.

No sólo eso: aun suponiendo que los jueces estuviesen convencidos al respecto, la pena propuesta es alarmantemente desproporcionada con respecto al supuesto “delito”, tanto en tiempo cuanto en lugar, porque no ignoramos la fama funesta de la cárcel Tacumbú. Temo que una condena de semejante rigor se prestaría a la sospecha de que en realidad se trata de una maniobra política que atenta contra los más elementales derechos humanos.

Pero tengo la enorme esperanza de que todo se resuelva para bien y con justicia. No creo que el país donde –¡y cómo lo agradecemos en toda nuestra América Latina!—fueron desenterrados los archivos del Plan Cóndor se preste hoy a una injusticia de tamaño calibre. Qué patética jurisprudencia presentaría: grandes escritores a los que sí se les ha demostrado plagio sin atenuantes, párrafos enteros reproducidos verbatim –si bien ellos alegaron que fue un error de sus respectivas secretarias– deberían pasar años a la sombra y no andar sueltos por el mundo con la condena, sí, de estar bastante desacreditados. Ni quiero pensar en los últimos años del tan renombrado Camilo José Cela, en España.

Nelson, comprendo que un escritor de su trayectoria está dispuesto a jugarse por sus ideales (aquí hemos admirado su breve novela  En el nombre de los niños … de la calle, hasta cuyo título ya de por sí es elocuente). Pero no es éste el caso. No se lo juzga a usted por el contenido profundo de su obra de literatura infantil Karumbita la patriota, lo cual sería inadmisible en un país democrático como es hoy el suyo. No está usted acusado por sus ideas sino por una apreciación del encuadre, apreciación con tan poco sustento que puede ser tildada de censura encubierta. Por eso mismo quiero unirme a las voces internacionales que reclaman justicia. Esperamos no sólo verlo absuelto sino también exonerado, libre de todo estigma.

Con mis mejores deseos lo saludo atentamente, o mejor le mando un afectuoso abrazo,

Luisa Valenzuela

PEN argentino

 

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