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4 de julio de 2016

La realidad guatemalteca no ha cambiado mucho desde que se supone que terminó la guerra interna con la firma de los Acuerdos de Paz en 1996. Si bien se silenciaron las armas como instrumento político para terminar con el enemigo, se produjo una metamorfosis por la que se continuaron utilizando; pero ahora ya no políticamente, sino por la delincuencia organizada.

A veinte años de haberse firmado la paz se supone que ya debiéramos estar viviendo un proceso de verdad pacífico con miras a un desarrollo político y económico aunque fuera incipiente pero eso sí, seguro y efectivo.

Nada de lo idealizado se ha cumplido y todo se ha vuelto peor porque tampoco se puede decir que las diferencias políticas dicotómicas se terminaron. Ahora ya no se dirimen con las armas en mano, repito, pero sí con las palabras y los escritos.

Las poblaciones afectadas ejercen sus derechos ahora más que nunca y exigen las reivindicaciones imprescindibles para sentirse con ganas de olvidar las agresiones y las muertes de los seres queridos y de algún modo terminar perdonando a los agresores y asesinos.

Es aquí donde el conflicto no ha terminado pues no hay voluntad política para ello y no se puede resolver un genocidio.

Estas reflexiones han sido motivadas por el más reciente hecho provocador.

Ante la inminencia de la celebración del día del ejército nacional con un desfile militar por las calles de la ciudad, los sectores oscuros amparados a la sombra de los cuerpos paramilitares de la Derecha política están actuando con impunidad y a las compañeras periodistas Lucía Escobar e Iduvina Hernández, les ofrecieron cortarles los dedos y otras barbaridades, para evitar sigan escribiendo en el libre ejercicio de su libertad de expresión pues se opusieron justamente a este tipo de manifestaciones triunfalistas de los militares. Además en estos recientes años se ha incrementado el asesinato de periodistas y reporteros de medios escritos y radiales como ya es del conocimiento general.

En este viraje histórico las diferencias políticas son abismales y no parecen ser conciliables. Lo evidente es que la derecha y su ejército continúan agrediendo y conculcando con amenazas graves el libre ejercicio de la expresión de las ideas por parte de los sectores ofendidos, periodistas y activistas políticos, defensores de los derechos humanos de profesionales de la información y del pueblo en general, cometiendo estas acciones disfrazados de vulgares delincuentes para sembrar el miedo y el terror en burda imitación de tiempos pasados.

En el Centro PEN Guatemala apoyamos a las compañeras periodistas aludidas e instamos a todos los sectores conscientes de la sociedad guatemalteca (APG, CGP, círculos de intelectuales y de artistas, universidades, Institutos de DDHH, etc.) para estar atentos y unidos en estas etapas de nuestra historia nacional exigiendo, siempre, de las autoridades competentes el cumplimiento de la justicia y del deber persiguiendo, juzgando y castigando a quienes se encuentre culpables de agresiones de todo tipo, de crímenes y de amenazas a la integridad de las personas que cumplen con sus deberes y derechos inalienables.

Carlos René García Escobar

Presidente

Centro PEN Guatemala

 

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